domingo 16 de diciembre de 2007

Más sobre el Estigma II



Hemos estado hablando de estigma sin haber definido realmente a este término. Estigma es una condición, atributo, razgo o comportamiento que hace que su portador sea incluido en una categoria social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se les ve como "culturalmente inaceptables" o inferiores.

Se estima que de un 16 al 20% de la población mundial tiene alguna forma de desequilibrio mental. El estigma no solo afecta a los que tenemos alguna enfermedad mental sino que éste también se extiende hacia nuestras familias.

El tener un pariente o asociarse con alguien que tenga algún desorden mental avergüenza a muchas personas. Debido a que muy pocos hablan abiertamente sobre la enfermedad mental, aquellos afectados tienen a menudo el sentimiento de que se encuentran solos. Pero la enfermedad mental afecta a por lo menos 1 de cada 5 individuos y toca a por lo menos 1 de cada 4 familias.

Se estima que el 1% de la población sufre algún tipo de desorden bipolar pero algunos consideran que esa cifra podría ser hasta 3 veces más grande, entonces, ¿Por qué continua el estigma?

Las personas normalmente rechazan y evitan a aquellas personas que no son capaces de estar bien mentalmente. En vez de expresar empatía y aceptación, aquellos con cerebros saludables tienden a expresar desaprobación.

Muchos todavía piensan que los afectados de algún desorden mental o aquellos que abusan de las drogas somos individuos sin voluntad y débiles mentales. Tienden a descartar los componentes físicos de nuestra enfermedad.

Parte de los problemas del estigma se relaciona con la terminología. la gente asocia al término de depresión con los bajones diarios de ánimo, pérdidas temporales o penas a corto plazo. Un término más exacto para definir al desorden bipolar como desorden adenohipotalámicopituitario nunca sería aceptado debido a su complejidad.

Hasta aquellos en el área de la salud a veces nos tratan con impaciencia y minimizan o descartan nuestro dolor. Algunos médicos y otros profesionales de la salud todavía no admiten la conección mente-cuerpo o reconocen las similitudes entre los desórdenes mentales y otras enfermedades orgánicas. A pesar de los últimos avances en la psiconeuroinmunología algunas médicos no toman seriamente a los imbalances bioquímicos.

Los comediantes han hecho toda la vida chistes sobre los "locos" , los "ñatos" y los "tullíos", llamando a las personas con retraso mental "idiotas", "imbéciles" o "retardados"; se burlan de la ceguera, de los sordos y de los epilépticos. Los defensores de los discapacitados y el público más informado poco a poco están haciendo que los "cómicos" sean un poco más sensibles. Pero la gente común todavía se burla de los "locos".

Mucho del estigma acerca de las enfermedades mentales podría estar relacionado a un miedo público de que somos asesinos maníacos. Y esa percepción va en aumento. Cuando alguien comete un crimen violento, los periódicos, revistas y reportajes televisivos tienden a enfatizar cualquier historia de dolencia mental. Los medios, a menudo, son sensacionalistas al cubrir esos crímenes, lo que contribuye a la percepción pública de que somos peligrosos.

No voy a afirmar de que nunca nos ponemos violentos, debido a que en episodios extremos algunos de nosotros lo hacemos. Pero los estudios han demostrado que aquellos como nosotros con enfermedaddes mentales no somos más violentos que aquellos con cerebro normales y los que como nosotros manifiestan violencia generalmente hemos tenido esa tendencia mucho antes de que la enfermedad haya emergido.

Los arranques de violencia en el enfermo mental típicamente están relacionados con sentimientos de amenaza o debido al abuso del alcohol o las drogas, igual como sucede con aquellas personas "normales" que se tornan peligrosas o violentas.

El riesgo de que una persona con desorden mental se haga violento es bastante bajo. Este riesgo aumenta si la persona experimenta un estado sicótico, particularmente si no está tomando sus medicamentos o no está cumpliendo cabalmente con su tratamiento. El mayor riesgo ocurre cuando existe un diagnóstico dual como sería la coexistencia de un desorden mental conjuntamente con un abuso del alcohol o drogas.

El riesgo es mayor para las personas más cercanas a una con desquilibrio mental, como son los miembros de la familia u otra persona que el enfermo conozca bien. El riesgo de que una persona con desorden mental le haga daño a un extraño es mínimo, y la contribucción de las enfermedades mentales hacia el nivel general de violencia de la sociedad es extremadamente pequeño.

Cuando alguno de nosotros nos volvemos violentos es más seguro que nos hagamos daño a nosotros mismos que o cualquiera. La sociedad tiende a creer que el suicidio es raro. Ojalá eso fuera cierto. El suicidio es casi epidémico en nuestra sociedad actual. Pero raramente es cubierto por los noticiarios a no ser que esté relacionado a un asesinato o envuelva alguna situación única o esté envuelto en ella una celebridad o algún famoso.

La mayoría de las familias mantienen en privado este tipo de muerte, algunas veces en shock o avergonzadas o con sentimientos de culpa. Otras veces, porque es muy duro enfrentar esa verdad tan terrible.

Hay individuos que todavía comparan al suicidio como si fuera un crimen y muchos fundamentalistas lo ven como una afrenta a Dios. Pero como yo lo veo, el verdadero crimen son las barreras que la gente enferma tiene que enfrentar para obtener un tratamiento efectivo.

¿Cúales son los resultados del estigma? ¿Qué podemos hacer para combatirlo? Estas y otras preguntas, mi querido Watson, serán contestadas en el próximo y último post sobre el estigma.